El lado oscuro del corazón es sinceramente
profunda. Explora el alma Latinoamérica desde el arte poético. Es puro sentir poético explícito.
Esto tal vez resulte una tautología pero es que; es así, literal, es poesía en
celuloide, es consecuente con una de las mayores expresividades literarias; la poética. Demuestra que se
puede ir desde el tercer al séptimo arte y construir, así, una argamasa perfecta.
¿Qué se le habrá pasado por la mente a Subiela cuando la ideó? Esa escenografía,
esos lugares rioplatenses que nos muestra parecen ser: precisos, idénticos,
comunes a aquellos donde antaño los poetas compusieron los versos que la componen. Nunca sabremos si efectivamente fue allí donde se crearon, pero es posible pensarlo de ese modo. Es increíble que el film se concibiera en los noventa; aunque no tanto, ya que revela el concreto y fehaciente
antagonismo entre la expresión artística y la tragedia de su tiempo. Esa década que intentó anular y combatió el espíritu
crítico, esa época que dejó atrás, muy lejos, la transición democrática le nace esta película; con la vanguardia y la estética
de otro cine. Aquel otro cine; el cine de los confines, con su complejidad y su
belleza. Vuelvo a decir: su espíritu, el que nos devuelve la pasión por lo
nuestro. Por el nosotros. Sin dejar de lado lo que también nos atraviesa a todos; la
impiadosa sentimentalidad humana, la nostalgia. En cada toma y en cada imagen, aunque
sepamos que es Grandinetti, estamos viendo y escuchando a Gelman, Girondo o Benedetti; a la poesía
del Plata hecha película.
Perdí mis llaves, se extraviaron inusitadas; y lo digo en tercera persona ya que no concibo la posibilidad de mí culpa. Ni siquiera un descuido, solo desaparecieron. La pérdida de un objeto con una funcionalidad tan clara me deja del lado de la intemperie. ¿Por qué extraviar una llave nos desubica, nos aturde? Incluso, algunas veces, hasta nos entristece. Poseía el objeto tangible, no eran llaves digitales – como sé que existen también – ; esas son imposibles de perder, tal vez si de olvidar. El olvido tiene el mismo valor que la perdida, si de llaves hablamos. También, las llaves simbolizan lo vedado, lo oculto, pero: ¿Qué hacemos cuando se nos es vedado el propio objeto de la ocultación? ¿Qué cosas nos suceden al momento de perder una llave? Además, claro está, de situarnos del lado de la intemperie. Tenerla, poseerla es, de alguna manera, adjudicarse un poder. Tener la potestad de controlar, de ocultar o develar algo. Una fortaleza ante el otro lado ...

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