El lado oscuro del corazón es sinceramente
profunda. Explora el alma Latinoamérica desde el arte poético. Es puro sentir poético explícito.
Esto tal vez resulte una tautología pero es que; es así, literal, es poesía en
celuloide, es consecuente con una de las mayores expresividades literarias; la poética. Demuestra que se
puede ir desde el tercer al séptimo arte y construir, así, una argamasa perfecta.
¿Qué se le habrá pasado por la mente a Subiela cuando la ideó? Esa escenografía,
esos lugares rioplatenses que nos muestra parecen ser: precisos, idénticos,
comunes a aquellos donde antaño los poetas compusieron los versos que la componen. Nunca sabremos si efectivamente fue allí donde se crearon, pero es posible pensarlo de ese modo. Es increíble que el film se concibiera en los noventa; aunque no tanto, ya que revela el concreto y fehaciente
antagonismo entre la expresión artística y la tragedia de su tiempo. Esa década que intentó anular y combatió el espíritu
crítico, esa época que dejó atrás, muy lejos, la transición democrática le nace esta película; con la vanguardia y la estética
de otro cine. Aquel otro cine; el cine de los confines, con su complejidad y su
belleza. Vuelvo a decir: su espíritu, el que nos devuelve la pasión por lo
nuestro. Por el nosotros. Sin dejar de lado lo que también nos atraviesa a todos; la
impiadosa sentimentalidad humana, la nostalgia. En cada toma y en cada imagen, aunque
sepamos que es Grandinetti, estamos viendo y escuchando a Gelman, Girondo o Benedetti; a la poesía
del Plata hecha película.

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