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Pensando

  Como uno se crea sus propias obsesiones, pienso. Y el mundo manso, inexpresivo a la particularidad. Y uno (cuando digo uno me refiero a mí mismo) empeñándose en improbables, haciendo futurología, predicciones siempre favorables. Quién me manda a pensar semejantes cosas. Una noche joven, un tibio parpadeo y un gramo de autoconfianza se mezclan para birlarte la vida (o unos años por lo menos). Una fijación aleatoria y la espada de Damocles ya te atravesó mil veces. ¿Harán mal las obsesiones? Ligero viento de vanidad. No somos la única particularidad de mundo, pienso. Ni el colmo de una noche joven, ni el reflejo de un tibio parpadeo, pero tal vez si somos prisioneros de un gramo de autoconfianza. Mejor, antes de ensoñaciones y vanidosos vientos, me consuelo pensando en el último amparo: el de la razón  ¿Se creará uno sus propias obsesiones?

La muerte es un acto solitario

  Con un epígrafe alusivo al efecto del temperamento en el estilo del pintor, pronunciado por Henri Matisse, comienza el libro sobre la obra de la Entrerriana Olga Blanc. Su autora, Malena Baqueiro, fue compañera y colega en la facultad de bellas artes de La Plata allá por la década del ’60. En él no solo se inspira de manera extraordinaria, cordial y poética con sus textos sino que, además, nos muestra a modo de antología el excelso arte pictórico de la artista. Dice Malena: “Así fue Olga… todo color, fortaleza y belleza entrerriana”. Hojeándolo me extrémese y cautiva su obra, su legado. Me produce esa extraña sensación que causan las pinturas de un autor infrecuente, desconocido para uno. Los autores de esas obras desapercibidas e ignotas que nuestra propia incapacidad o inopia intelectual nos oculta. En este caso lo estimo más grave, al saber que la autora ha estado y trabajado aquí. Cerca, cercana. Hablando, pisando, sintiendo este mismo suelo. Me conmueve Olga Blanc, su extrav...

El lado oscuro del corazón

El lado oscuro del corazón es sinceramente profunda. Explora el alma Latinoamérica desde el arte poético. Es puro sentir poético explícito. Esto tal vez resulte una tautología pero es que; es así, literal, es poesía en celuloide, es consecuente con una de las mayores expresividades literarias; la poética. Demuestra que se puede ir desde el tercer al séptimo arte y construir, así, una argamasa perfecta. ¿Qué se le habrá pasado por la mente a Subiela cuando la ideó? Esa escenografía, esos lugares rioplatenses que nos muestra parecen ser: precisos, idénticos, comunes a aquellos donde antaño los poetas compusieron los versos que la componen. Nunca sabremos si efectivamente fue allí donde se crearon, pero es posible pensarlo de ese modo. Es increíble que el film se concibiera en los noventa; aunque no tanto, ya que revela el concreto y fehaciente antagonismo entre la expresión artística y la tragedia de su tiempo. Esa década que intentó anular y combatió el espíritu crítico, esa época ...

La bendición del agua a los rayos celestes

Siguiendo a Camus, en su Sísifo, en algún momento siempre debemos elegir. Elegir entre sumisión o desobediencia. Y cuando esto es frente a una decisión o voluntad divina, esa decisión se nos torna mortal o definitiva. Hay en ello una expresión clara de las formas de dominación ante la absoluta libertad. Pero en esta oportunidad, para el Rey mitológico griego, el castigo termina siendo una dicha; la dicha del hombre en conciencia, de lo absurdo en alegría silenciosa, de la felicidad de la negación de los dioses. El mover una y otra vez la roca en conocimiento de su destino, en plenitud de saberse puramente humano, desestimando lo divino, Sísifo, es el hombre emancipado que elige las bondades de la tierra ante todo en este mundo irracional. En algún punto, siguiendo otra alegoría, el ser humano también podría ser la roca. Una roca maquinal. Autómata. Una roca que de no ser por quien la eleva hacia la cumbre, con su esfuerzo manual, estaría perpetuamente inmóvil, o peor aún móvil...

Opciones

En una mañana fría. El profesor entra al primer año de un colegio de la periferia estatal. Cansado, agotado. En el gélido salón, ante la multitud de chicos y chicas, humildes y harapientos, con vos penosa dice: — Han traído el trabajito que les pedí (utiliza el diminutivo para no sonar tan brusco, sabiendo que resulta inútil). Lentamente, se empieza a escuchar el ruido de los útiles en movimiento. Todos buscan entre sus cosas. Al momento, de atrás de todos, se levanta Luis, un famélico, moquiento y despeinado niño. Se acerca hasta el arruinado escritorio con sus manos detrás de la espalda como escondiendo algo. Se para frente al profesor y le dice: — Profe, le doy a elegir: ¿Qué prefiere, mi trabajo o lo que tengo en mi mano? —¿Cómo dices?  —Le contesta azorado el profesor. —Si, elija qué prefiere. Debe elegir una o la otra. No vale cambiar. — Pero Luisito, ¿Qué tienes ahí detrás? — No sé. Usted elija y verá. — ¿Por qué me propones esto?  —Le dijo extrañad...

Chet

Los ilusos y torpes vivimos así; en medio de un sueño inalcanzable. Adquirí una trompeta pensando en imitar a Chet Baker; su estilo portentoso, su mágico swing, su suave ritmo: ¡Ay! No problem, no problem, no problem. El loco de Chet me conmueve, pero estoy tan sólo cerca de su música por la mera admiración. Con el tiempo (muy escaso por cierto) me di cuenta que tocar, al menos parecido a él, me era imposible, tan siquiera tocar, en verdad, me era posible. Tengo que alejarme de la música. ¡Ay! No problem, no problem, no problem. De todas formas hay algo en él que me resulta más fácil de comprender y llevar a cabo; su estilo de vida. Su locura fuera de la música. Su carácter aventurero. El ido y antisocial que conmueve desde su arte virtuoso, aquello que para muchos es un mérito y que lo hace aún más extravagante. De todas formas sólo logro copiar, cada noche una y otra vez, su última escena en la ventana de Ámsterdam y ni así conservo su estilo, su gracia. ¡Ay! No problem, no p...

El problema con que todos vivimos

Cuando desde la multitud insultante surgió la voluminosa y espesa saliva de esa mujer caucásica y anónima que rozó el zapatito blanco de la pequeña Ruby, ella, la sintió pesada como si fuera descalza. Era como ácida y le carcomía la piel hasta el dolor. Esto se repetía en sueños posteriores que, algunas veces ya de grande, solía tener. Era siempre el mismo sueño. Un sueño desencajado y atroz donde la constante era siempre la misma: la incomprensión. Norman Rockwell, en su obra, no se animó a tanto. Hasta para él era obsceno replicar esa imagen. Decidió entonces remplazarla por algo más trivial. Cambió el escupitajo por una simple verdura en clara alusión a ese agravio atroz. Sobre todo si se hace con tanta vehemencia que al dar sobre el muro estalla en un potente rojo tomate, se vuelve aún más verosímil. La patrulla federal la escolta con brazaletes amarillos; tratando de reflejar así una ley que se sostiene solo por su carácter coercitivo.  Protegían de las ultrajantes ba...