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El Educador y la Poesía*

Hace poco ha muerto, con un siglo largo a sus espaldas, Josep Eduard Almudéver Mateu, el último brigadista internacional. Josep Eduard era un poeta que iba de guerra en guerra contra los que se echaban la mano a la pistola cuando oían la palabra cultura. Y sabía que tenía que reír con el pueblo y llorar con el pueblo. Mientras que la derecha amiga de la prosódica formal y de las zonas VIP en los conciertos es más amiga de fusilar poetas. Una maldición añadida de la época es que los educadores ya no leen poesía. Y entonces, sin escudos ni catapultas, se apodera de ellos la lógica simplona de los destornilladores. Se convierten en analfabetos incapaces de cuestionar otra gramática que la de lo predecible. Ni aceptan otros adjetivos que los epítetos, que son esos adjetivos que no aportan nada a los sustantivos; como hielo frío, agua líquida o lealtad perruna.  En algún aniversario, aprovechan y seleccionan algún poema, casi siempre un fragmento para que moleste menos, de manera ...

El golpe

  En ocasiones la ansiedad nos cuesta caro, aunque a la postre puede dar grandes frutos. Era sábado de nochebuena; una escalera caracol con una ventana entreabierta su destino inmediato. El tipo ascendió veloz, peldaño a peldaño, una mujer lo esperaba para la cita. En su premura y agitación no alcanzó a ver el filo del batiente y recibió el golpe que lastimó su cráneo y lo dejó inconsciente. En esos últimos días del año ‘38 en Buenos Aires un hombre llamado Jorge Luis casi muere, y para muchos, ahí, nace una nueva literatura universal y formidable. No lo sabemos. No sabemos si el golpe y los posteriores padecimientos cambiaron la forma de escribir de ese personaje, sino es que en realidad tomamos un acontecimiento fortuito y lo transformamos en premonitorio por simple alegato, o si; −como casi todo−, es pura metáfora. En fin, que decir de un golpe que nos trasforma la vida, hay golpes incluso indoloros que nos cambian para siempre; que transforman nuestra forma de ser y de pensar. ...

Donde reposan las palomas

Sorel garabateó sobre los andamios de la melancolía su último relato. Eran las cuatro de la tarde. El banco derruido de la plaza lo sostenía; si es posible que se pueda sostener a alguien que hace años es volátil, etéreo. La soledad se descubre en espacios abiertos. Las líneas de ese relato estaban impresas en su mente. Las repasaba una y otra vez. Eran los recuerdos de una vida tediosa y lejana. Descubría, ahí, que lo bello se dio siempre a partir de percepciones erróneas. Que la vida cotidiana es trágica siempre que no sea inusual. Y que lo inusual es efímero. Partió entre sus dedos una galletita y esparció las migajas sobre la vereda. Seguía dibujando el relato en su cavilación; uno termina padeciendo los recuerdos, los maldice. El olvido puede ser dulce también. Dulce como aquellas primaveras jóvenes, como las tardes y las lunas jóvenes. Al pensar en ello odió el recuerdo. Inclinó su cabeza hacia atrás y no encontró respaldo, lento cerró los ojos y entre sollozos se fue convirtiend...

Marat

  Yo Marat, el escriba de la Revolución, el redactor del diario “El amigo del Pueblo” , el que dicta los nombres de los enemigos de la Republica que caminaran hacia la libertaria guillotina. El que escapó de sus perseguidores sumergiéndose en la osamenta y salió enfermo pero indemne; limpio y puro, como esta nueva Francia jacobina. Yo que dejé de lado la ciencia por la política y que hoy dictamino las sentencias e impongo las leyes del nuevo régimen. Soy Marat y entiendo lo que va a pasarme, porque el destino y el futuro están de mi lado, usted vil Carlota va a matarme con el cuchillo que esconde. Usted, insolente mujer girondina, no entiende lo que está aconteciendo: mi sangre derramada en esta bañera donde escribo no opacará el viento arrasador de la libertad, la igualdad y la fraternidad. No mermará el terror que imponemos a nuestros adversarios. Usted Carlota Corday, no me mata: me vuelve eterno, me vuelve mártir. Esto se afirmará cuando, mi partidario Jacques-Louis David, me ...

Una de terror

  En una cualunque película actual, cuyo género refería al terror o al horror, sucedía la siguiente escena: alguien en supuesta acechanza subía unas escaleras bajo un entorno mórbido y lúgubre con música de suspenso, se podía observar el juego de sombras provocado por la tenue luminosidad. Al verla recordé, entonces, aquel viejo cine germano, que de seguro subrepticiamente   habría inspirado esa toma. Pero las formas mórbidas de la historia no se repiten, me dije. Aquellas que trazan leves, sinuosos e imperceptibles momentos son las que no vuelven, insistí en mi reflexión. Luego me dije: El cine expresionista alemán surge después de la primera guerra mundial y se caracteriza por mostrar el pesimismo del mundo: personajes oscuros y perversos, es teatral y de atmosfera gótica. El expresionismo busca explorar el absoluto profundo del ser humano; qué hay debajo de las máscaras y apariencias caóticas de la vida moderna. Frente a las representaciones dominantes del mundo, frente a...

Poemas IV

  Dulzura.   Hace diez horas que vi tu rostro Ansioso en el devenir del mundo Mágica dulzura Que venga y me persiga Que no se vaya Ilumine tu rostro la vida de siempre Diabólica dulzura Flor del mal Que ni Baudelaire se animó a escribir.   Lo.   ¿Y si… el cielo fueras vos? Y hoy te extraño ¿Y si… ese cielo no llega?   ¿Y si… mi vida fueras vos? Y hoy te quiero ¿Y si… esa vida no llega?   Me comerías el alma Matarías-me; Como siempre.   A la persona que voy amar mañana.   Ojala mañana Te atraviese un rayo No de dolor No de muerte.   Ojala mañana Te atraviese un rayo De sentimiento De suerte.   Ojala mañana Yo te atraviese Como un rayo Como un puente.

Educación pública

      Cierta vez leí una frase de Descartes que quedó como una de las cinco o seis que siempre me acompañan (creo que era de Descartes): “Cambio todo lo que sé por la mitad de lo que no sé”. La valoro porque puedo trasladarlo no solo al criterio académico, sino, y sobre todo, al humano. El conocimiento incomoda, fatiga, produce esencialmente ese fantasmagórico inconformismo basado en la razón, para que los sentimientos se trasluzcan en acción. Ante esto, uno podría exclamar: estudiantes, no seamos demasiado estudiosos, seamos humanos también. Pero no dejemos las estadísticas, para poder discutírselas en todo terreno a quien sea y como sea, incluso para resultar así más generosos que cualquiera de todos esos datos duro. Compartamos el conocimiento para que haya más debates, más ideas, menos infamia. De este modo habrá, también, menos pibes en la calle, será menos gélida la realidad. Pues entonces, estudiantes: dejemos la mediocridad, abandonemos la mecedora junto a...